Ya no…
“Recuerdo lo que decía hace un par de semanas. No voy a dejar que me obsesione. Y sin embargo no hago más que pensar en ella todo el tiempo.
Me paso media noche pensando en lo que me dijo por la tarde, o en los mensajes que me manda los sábados por la noche diciendo que no le apetece quedar con nadie más, que si quiero quedar con ella para ir a tomar algo tranquilamente.
Incluso el viernes, mientras otros labios recorrían mi cuello, yo pensaba por momentos en ella, inconscientemente.
Me gusta cuando está de fiesta, cuando me mira con esa mirada desafiante y morbosa que continuamente me reta, pero sobre todo me gusta cuando es ella misma, por semana, cuando está delante de una manzanilla con limón y me habla y me cuenta sus teorías sobre todo, cuando se calla en ese silencio inteligente, cuando interrumpe una frase para analizar una idea y expresarla mejor… Esa parte de ella que pocos conocemos -por suerte me cuento entre ellos-.
Ayer la acompañaba a casa a media tarde. Domingo, la calle practicamente vacía de gente. Ella iba cogida de mi brazo y a ratos apoyaba la cabeza en mi hombro. La lluvia me caia en la cara. Me sentía contento, como hacía mucho que no me sentía.
-Estoy contento -le dije.
-Tienes buena cara hoy, se te ve muy bien -respondió.
Me gusta estar con ella, me gusta ella, sí. Pero creo que no quiero nada más. Sólo pasarlo bien.
Creo que ambos queremos lo mismo.”
Y hoy ya no lo quiero, ya no quiero que me destruyas más por dentro.
Hoy ya no quiero pedirte que te quedes otra noche.